Después de haber leído Je m'en vais y Ravel, tenía el vago recuerdo de novelas que me habían atrapado pero que habían también conseguido mostrarme una manera distinta de contar, un tono a la vez apacible y que intentaba enseñar el revés de personajes que, a pesar de la distancia que la nueva novela impone, me habían interesado.
Esta reciente novela de Echenoz me ha resultado, por el contrario, incomprensible, mal hilada, con personajes que apenas se esbozan, y todo ello contado en un tono que pretende ser ingenioso e incluso humorístico pero que no alcanza ni siquiera un mínimo de calidad. Tentado varias veces de abandonarla, la he leído hasta el final y, al terminar, he tenido la seguridad de que tenía que haberla dejado mucho antes. Novela mala de solemnidad. Se supone que quiere contar la vida de Fulmard, cuando el personaje es el menos interesante de toda la trama. ¿Qué pretendía contar Echenoz? Sea cual fuere, sólo consigue algo que no llega a la categoría de libro, y que a él lo sitúa en el panteón de los autores a olvidar.