sábado, 11 de abril de 2026

Cómo encontré al autor de mi necrológica (Jaroslav Hasek)

Una serie de artículos y relatos unidos, al parecer, por su carácter humorístico aunque sin ninguna unidad argumental. Bien que algunos resultan tontorrones y dejan el sabor de la nadería, Hasek demuestra su facilidad para contar historias. Gustan especialmente los más extensos, como las Historias del vivero de Razice, que recuerdan las Memorias de un cazador de Turguenev, historias sin un nexo preciso, si acaso que se desarrollan en lugares cercanos, pero donde Hasek da rienda suelta a su inventiva y a su facilidad para contar anécdotas que terminan teniendo un tono vital, divertido y, pese a ello, un cierto poso moral, un sabor a lo antiguo y melancólico.
En las historias más autobiográficas, Hasek se presenta como un personaje amigo de la juerga, bebedor empedernido y un tanto amoral. También hay algunas historietas donde describe las penalidades, sobre todo económicas, del escritor de gacetillas y artículos en aquel tiempo (principios del siglo XX).


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