jueves, 16 de abril de 2026
Diarios (John Cheever)
Lo monumental de estos diarios no es su tamaño (aunque extensos son) sino la sensación de batalla, de abatimiento y, finalmente, de derrota que transmiten. Supongamos que alguien se gana la vida escribiendo ficción, contando cuentos, pero que guarda consigo mismo, escondido en libretas baratas, un diálogo que se pretende sincero, último, a algo así saben los diarios, aunque estoy seguro de que toda esta sinceridad no dejaba de tener el sabor de una cierta pose, como sabiendo que incluso al final quedaría algo así como un espacio al que podríamos llamar posteridad. Todo esto no quiere decir que no suframos con Cheever a través de las décadas transcurridas en sus diarios, porque de sufrimiento trata esta vida: una continua batalla contra sus apetencias sexuales, contra su mujer (el personaje más extraño de todos), contra ese "triunfo literario" que parecía resistírsele siempre (aunque estuviese triunfando), contra todo y contra todos, en esa manera tan norteamericana de entender la vida. Aunque al final triunfase, alcohólico rehabilitado y homosexual confeso, los diarios nos hablan de un hombre que pasó su vida buscando una botella.
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