No necesita Kurosawa, igual que le pasa a Buñuel, o a Bergman, recurrir a artificios para mostrarnos sus sueños, que sería tanto como decir sus obsesiones. La película es como una colección de cuentos, donde cada uno cobra sentido por sí mismo y tiene su propio estilo, y creo que podría verse como una sucesión de cortos. Pero la maestría de Kurosawa está ahí, es indiscutible por cuanto es capaz de conmovernos a poco que desarrolla sus historias, en las que con frecuencia está presente la culpa (el niño que ha visto los zorros, el comandante que ha enviado a la muerte a sus soldados...) y el miedo al desastre, sobre todo nuclear y ecológico (en los últimos sueños). Si hubiera que buscar moralejas en estas historias cortas, ésta sería que el hombre es un animal estúpido, incapaz de comprender que necesita cuidar de la naturaleza por su propia supervivencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario