Contrario a lo que podía esperarse de personas inteligentes, reírse de uno mismo termina por hacer que los demás lo escuchen a uno con ligereza y dejen de tomarlo en cuenta, pues, aunque lo niega, la gente en realidad no es muy sutil y respeta en secreto a los solemnes, o si no los respeta por lo menos los teme, y del miedo a la reverencia no hay más que un paso.
Augusto Monterroso
No hay comentarios:
Publicar un comentario